Como en estas "fiestas" navideñas muchos pringaos corremos el riesgo de sufrir un ataque diabético por culpa del exceso de azúcar, almíbar, feliz año nuevo, compre que el año se va a acabar y otras gaitas, hoy nos vemos obligados a contrarrestar urgentemente tales excesos de dulzor con objeto de evitar caer en la dependencia insulínica. Para eso recurrimos a cierto tipo de música (la de esos cantautores que ya no volverán) y que , cual suave medicina, lenta pero segura, es capaz de inocular los excesos de estos consumistas días (al que está consumido todavía se le puede estrujar y consumir un poco más) y hacer que se reestablecezca de nuevo nuestro habitual equilibro neuronal y emotivo (??) del resto del año.
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27 diciembre 2013
31 octubre 2013
0 ¿QUÉ QUIERES SER DE MAYOR, RICO?
Cuando uno era niño, hace ya la tira de años, los chaveas queríamos ser médicos, profesores, fontaneros, conductores de tranvía o de autobús. Sólo a alguno que había por allí, algo tontín, se le ocurría decir que él quería ser ministro. Los años pasaron, y con el desarrollo económico, llegaron nuevos deseos infantiles para cuando fueran mayores, esto es, hombres de provecho. Algunos chaveas ya querían ser astronautas, pilotos o ingenieros de caminos, canales y puertos.
Pero en esto que llegaron las telecacas privadas y la idiotez colectiva, tanto política como económica, etc (ponga usted en el ecétera lo que quiera, que todo cabe). Y entonces las cajas tontas, y la sociedad entera, comenzaron a llenarse de unos tipos y tipas insustanciales, analfabetos, algo cretináceos pero listos como el hambre en trincar dinero con exclusivas gilís, vivir del cuento y contar chorradas. Eran, y son, los famosetes de trapillo. Así que los niños de ahora, o al menos una parte, han cambiado de héroes y de aspiración profesional. De mayores ahora quieren ser "famosos". Esos que salen a todas horas en las telecacas mostrando cachas o tetas, diciendo vulgaridades, alardeando de la vida que se pegan. No dan un palo al agua y se les nota a estos cachorros de la fama. Y escribo cachorros porque la inmensa mayoría no sobrevivirá al próximo invierno pero no importa, las telemierdas y demás compañeras de mal olor tienen preparadas nuevas hornadas en su nevera. Al fin y al cabo sólo necesitan dar una patada en el suelo y salen tropecientos mil de estos famosetes. Y no veas los que saldrán de esta infancia que los tiene encumbrados cuando consiga hacerse mayor... algún siglo de éstos.
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